Biutiful: La no belleza del cáncer y la inmigración ilegal
Comenzar y cerrar una película con las mismas escenas se ha hecho una característica de Alejandro González Iñárritu. De alguna forma también un aspecto de su cinematografía es la combinación de historias de vida como mostró en las distintas tramas de su primer film, Amores Perros, y en los dos que le siguieron, 21 gramos y Babel. Cada película tuvo su particularidad: la primera se desarrolló en su país natal, México; la segunda en el limítrofe Estados Unidos y la tercera fue una combinación de los dos y Medio Oriente.
Las problemáticas de la vida cotidiana que enlazan y mezclan a las personas llevan a cabo el desenlace de sus historias. Ahora con su último largometraje, Biutiful, le tocó el turno a España, con los inmigrantes ilegales, tanto chinos como africanos, junto con el cáncer del protagonista, Javier Bardem, que desatan esta historia.
Gonzáles Iñárritu fue conocido por su éxito Amores Perros, película que parece casera, matiz que no abandona, donde una de las escenas que implicaba un alto costo tuvo que ser filmada una sola vez. El director, a pesar de su escala en el mundo cinematográfico, conserva su esencia. En Biutiful se encarga de darle simpleza a cada una de las tomas, montadas en escenarios muy pobres. Los plano detalle psicodélicos suelen ser parte de sus films, en este caso el protagonista es un vidente que se conecta con los muertos y la música colabora con las imágenes de los muertos que él ve en los techos cuando se conecta con ellos.
La trama, que tiene a Bardem de eje principal, desarrolla su vida junto a sus dos hijos, su mujer con problemas de alcoholismo y como él negocia la vida que llevan a cabo los inmigrantes, que sin verse están conectados: africanos que venden mercancía ilegal y chinos, que algunos la fabrican y viven en un taller clandestino. Todo esto también vincula los acuerdos con la Policía y cómo son las políticas de inmigración y represión. En tanto el protagonista que establece estos vínculos se entera que tiene un cáncer mortal y va encargándose de arreglar sus problemas y los de su familia.
Bardem interpreta muy bien el personaje en el drama que además tiene una escenografía muy representativa al conflicto que se desarrolla. La musicalización en momentos concretos y el silencio en otros brindan la data del director, jugando en esta mezcla que acompaña al drama desenlazado.
Quizás una de las fallas del largometraje es la superficialidad que se le da a la violencia domestica, tanto sobre los chicos como entre los adultos. Son pocas escenas destinadas al problema sin embargo están y no tienen continuidad.
Fuera de ese detalle es una historia bien lograda, muy complicada pero representativa: tanto del cáncer como de la inmigración ilegal.

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