El adiós del pueblo a Néstor Mientras las puertas de la Casa Rosada se abrían a las diez de la mañana de ayer y la gente seguía concentrándose desde la noche anterior, un nene le preguntó a su papá en el subte si había juegos en Plaza de Mayo, éste le respondió que no y el nene cuestionó por qué iban entonces. “Para darle el último adiós a Néstor, en unos años me lo vas a agradecer”, afirmó el padre convencido. Florencia, una estudiante de Economía, contó que mientras iba en el tren lloraba y un señor le preguntó si era por Kirchner, ésta asintió con la cabeza y él señaló: “se nos fue un líder muy importante, yo tampoco puedo evitar ponerme mal”. Ese era una parte de la fotografía porteña que se sacaba en el momento que comenzó el velatorio del ex Presidente argentino, Néstor Kirchner.
Desde Facebook y Twitter algunas personas señalaban su enojo porque sus jefes no los dejaban faltar para poder asistir al velatorio, “Lástima que los gorilas de mi trabajo no me dejan ir y se me ríen, la gente no entiende nada...”, dijo resentida Laura, una militante de la agrupación La Walsh de La Plata. Por su lado, Agustín señaló alegremente que “se cumplió la Justicia Divina”, festejando la muerte del Secretario General de la Unasur.
La plaza no estaba muy llena, la gente se concentraba en las calles que recorrían el vallado y dentro de éste. Quienes si estaban frente a la Casa de Gobierno eran los militantes de la CGT y la Juventud Peronista, que en ningún momento de la jornada abandonaron el lugar.
“Ándate (Julio) Cobos la puta que te parió, ándate Cobos la puta que te parió”, aludiendo al Vicepresidente de la Nación; “Perón, Perón, que grande sos, mi general cuanto vales, Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador”; “Cristina, querida, el pueblo está contigo”; “Néstor Kirchner presente, ahora y siempre”; “Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”, eran algunos de los cánticos que se escuchaban a lo largo de la fila para ingresar al Salón de los Patriotas Latinoamericanos.
Dentro de la fila se hablaba de diversos temas: conversaciones sobre el programa especial de 678 la noche anterior y cómo estuvieron las palabras de los artistas, políticos, periodistas y militantes que asistieron; criticas a Clarín y la titulación que hizo (en alusión a ayer); comentarios sobre la caricatura de la tapa de Página/12; especulaciones con qué pasará sin el Diputado por el Frente para la Victoria y Jefe del Partido Justicialista, si Cristina Kirchner podrá o no podrá, si la oposición se subirá en el caballo para ir contra el modelo, si (Hugo) Moyano seguirá o no en el proyecto,.
La gente estaba crispada, quería pasar antes que nadie, empujaba, defendía su lugar y el tiempo de espera que mereció tenerlo. Arremetía contra los policías o contra los que se colaban. La gente era de todas las edades: había gente mayor que no soportaba el dolor de alguna parte del cuerpo, pero insistía en darle el último adiós a Néstor Kirchner; jóvenes estudiantes o trabajadores, que eran los principales cantantes de la jornada; militantes; familias, con hijos de todas las edades; compañeros de trabajo, que se tomaron su tiempo para ir; gente que trabajó toda la noche, como Juan, que es basurero y ni bien terminó su jornada laboral empezó a hacer la fila: “Prefiero dejar el cansancio para otro día a no estar acá”, contó orgulloso.
El clima era muy particular y distinto a lo largo de las partes que se recorrían. En la cola para ingresar la gente tenía mezcla de euforia y ánimo festivo, no se distinguía si era un funeral o un acto de apoyo a alguna causa. Pasando el vallado de La Casa Rosada, los funcionarios y Policías estaban serios y sus caras señalaban: “Esto es un funeral”. Pedían que se apaguen los celulares, que se dejen afuera las flores, carteles y que, por favor, “se entre de a dos”. Una vez adentro el silencio era triste, estaba lleno de coronas de flores de las presidencias de otros países latinoamericanos, de las distintas provincias y organismos públicos y privados, como la Policía o el Sindicato de Taxistas. De repente alguien aplaudía o gritaba: “Fuerza Cristina” o “Néstor, hasta la Victoria, siempre”.
El Salón de los Patriotas Latinoamericanos tenía en el medio al cajón cubierto por una bandera argentina donde estaba Néstor Kirchner, en su cabecera estaba Cristina Fernández de Kirchner acompañada por su hija, Florencia, de un lado estaban los artistas, como Florencia Peña o Gastón Pauls y del otro los funcionarios como Aníbal Fernández o el Presidente de Bolivia, Evo Morales.
Ante algún comentario o mirada fuerte hacia Cristina, quien tenía sus ojos cubiertos por anteojos negros, hacía una minima sonrisa agradeciendo la presencia e incluso debes en cuando Cristina se acercaba a saludar.
A medida que la gente dejaba el Salón y la sede de Gobierno los comentarios eran: “Fue muy rápido” (por el recorrido interno); “Es muy triste todo esto”; “No lo puedo creer, es irreal estar viviendo esta situación”. Las cámaras y los fotógrafos que tomaban recortes de esos momentos, y que a la entrada se miraba con adrenalina y simpatía, en ese instante perdían relevancia y eran un elemento más de la escena.
Una vez que se estuvo en la Plaza nuevamente se volvía al clima pseudo-festivo y pseudo-eufórico. A lo largo del día se fue concentrando más y más gente: la que salía de despedir y se quedaba dando apoyo; los que decidían no entrar al velatorio, apoyando desde afuera y los que estaban por empezar a hacer larga fila de cuadras y cuadras.
Había una pantalla que iba mostrando los interiores del velatorio y las distintas figuras que se fueron acercando, desde los Senadores, Ministros o funcionarios hasta los Presidentes latinoamericanos o artistas.
Hubo agrupaciones, hubo familias, hubo gente mayor y gente joven, hubo famosos, pero sobre todo hubo autoconvocados para decirle adios a Néstor Kirchner.